Carolina Ribodino

Nosotros transformamos la realidad

Mucho se habla del experimento de la doble rendija dentro del “mundo” de la física cuántica. En mis enseñanzas hago referencia a este experimento, pero, ¿qué es realmente y cómo funciona?


Cuando hablamos del experimento de la doble rendija, no estamos hablando de algo lejano, raro o solo para científicos. Estamos hablando de una prueba, una de las más claras, de que la realidad no funciona como nos enseñaron, y nosotros tampoco.


Te lo explico:


En este experimento se toma algo diminuto, por ejemplo canicas (pelotas pequeñas). Algo que, en teoría, debería comportarse como algo sólido, puntual, definido. Algo que va de A a B, y eso es lo que nos enseñaron: esto es una partícula, va por acá o por allá.


Ahora bien.


Se coloca una barrera con dos rendijas (dos pequeñas aberturas).

La lógica clásica dice:

Si lanzo varias canicas, deberían pasar por una rendija o por la otra.

Resultado esperado: dos montoncitos detrás de la pared. Fin de la historia.


Pero no.

El resultado no es este.


Lo que sucede es que cuando se lanzan estas canicas sin que haya alguien observando, esa “partícula” no elige una rendija.

Hace algo que rompe el paradigma: pasa por las dos al mismo tiempo.

Sí, ¡por las dos!.


Y no solo eso: al llegar al otro lado, no deja dos montones, sino que aparece un patrón de interferencia, exactamente igual al que generan las ondas cuando se superponen en el agua.


Como si en vez de tirar canicas, hubiéramos arrojado agua.


Ahora viene la parte más interesante y sorprendente para mí, y posiblemente para vos también.


Cuando alguien decide observar como es que sucede esto, cuando ponen atención…

La canica cambia su comportamiento.


Deja de comportarse como onda.

Y ahí sí: pasa por una rendija u otra.

Se vuelve “normal”.

Se vuelve predecible.

Se vuelve… obediente.


Entonces, dicho sin vueltas y sin tecnicismos innecesarios:

la realidad responde a la observación, y tenemos una evidencia.


No es que primero está definida y después la miramos.

No.


Primero está abierta, en posibilidad.

Y la mirada la “define”, esto es, a lo que en otras publicaciones he hecho referencia, y se le da el nombre de: “colapso de la función de onda”.


En la vida cotidiana esto sería como tirar piedras en la calle y encontrar un montón de piedras agrupadas en la misma…

pero descubrir que, mientras no mirás, esas piedras se comportan como agua, como ondas, como algo que no elige, que es todo a la vez.


Y ahora permitime mezclar un poco de vida real, porque esto no es casual.


Esto explica por qué, muchas veces, cuando nadie nos está mirando, somos muchas versiones de nosotros mismos.

Y cuando sentimos la mirada externa —la expectativa, el juicio, la exigencia—

nos “convertimos” en una sola.


Esto explica por qué un niño, antes de ser observado, evaluado y etiquetado, es puro potencial.

Y también por qué, como adultos, olvidamos que podemos volver a ese estado.


No es poesía.

No es espiritualidad suelta.

Es física.

Es experimento.

Es evidencia.


Y por eso insisto, repito y lo digo de varias formas:

No somos espectadores pasivos de la realidad.

Somos participantes activos.


La doble rendija no demuestra solo cómo se comporta una canica, es decir una partícula.

Demuestra algo mucho más incómodo y mucho más poderoso:

Que la conciencia importa.

Que la observación crea forma.

Y que nada —absolutamente nada— está tan definido como creemos… hasta que alguien decide mirarlo.